sábado, 9 de noviembre de 2013

Cierro los ojos y no encuentro mas que tu inalcanzable timidez, pálida, absorta de toda esperanza que pudiera encontrarse. La luz contrasta en tus sienes, llevas esa sangre prohibida que me hace desearte aun más, pero no cedes, tu cuerpo se tambalea inerte en el sopor de la fantasía, buscando respuestas a preguntas eternas que no alcanzaran un grado de credibilidad.

Muy en ti, en tu alma, en esa alma de guerrero adyacente, de poderosa persona, se encuentra el anhelo; aunque triste y sensato es más fuerte que tú mismo. Igual que todo, como la liebre es más fuerte ante el insecto, pero el insecto puede ser letal.

Cuando vi que rozabas en un segundo de hielo mis manos blancas decidí imaginarte en la nostalgia que invadía mis pensamientos. Así fue como cerré los ojos para decirte lo que pienso que me hace falta.

A pesar de que me encante el dolor de tu ausencia y a la vez me mate no soportar estar lejos de ti te siento como si te conociera, y como si hubiéramos compartido algún baile o ritual con tu sangre prohibida, coagulada sobre la gravedad, entre las personas que no nos veían, pero seguíamos ahí, bajo la lluvia, con  una mirada fija al infinito, excavando lo que se  nos perdió en el pasado para borrarlo y dejar espacio para encontrar otras cosas, lejos de nosotros mismos, resignándonos a estar sin estar…

Alejandra Apodaca


Junio 24/2009


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