Cierro los
ojos y no encuentro mas que tu inalcanzable timidez, pálida, absorta de toda
esperanza que pudiera encontrarse. La luz contrasta en tus sienes, llevas esa
sangre prohibida que me hace desearte aun más, pero no cedes, tu cuerpo se
tambalea inerte en el sopor de la fantasía, buscando respuestas a preguntas
eternas que no alcanzaran un grado de credibilidad.
Muy en ti,
en tu alma, en esa alma de guerrero adyacente, de poderosa persona, se
encuentra el anhelo; aunque triste y sensato es más fuerte que tú mismo. Igual
que todo, como la liebre es más fuerte ante el insecto, pero el insecto puede
ser letal.
Cuando vi
que rozabas en un segundo de hielo mis manos blancas decidí imaginarte en la
nostalgia que invadía mis pensamientos. Así fue como cerré los ojos para
decirte lo que pienso que me hace falta.
A pesar de
que me encante el dolor de tu ausencia y a la vez me mate no soportar estar
lejos de ti te siento como si te conociera, y como si hubiéramos compartido
algún baile o ritual con tu sangre prohibida, coagulada sobre la gravedad,
entre las personas que no nos veían, pero seguíamos ahí, bajo la lluvia,
con una mirada fija al infinito,
excavando lo que se nos perdió en el
pasado para borrarlo y dejar espacio para encontrar otras cosas, lejos de
nosotros mismos, resignándonos a estar sin estar…
Alejandra Apodaca
Junio
24/2009
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