Aquí el tráfico es lo característico, el freeway es un infierno de asfalto, hay que tener mucho cuidado porque otros viajeros quizá pueden estar teniendo un mal día.
El calor es menos mediante vamos avanzando hacia el norte, se nota en el viento fresco pero tantos carros transforman los nervios. anoche cuando manejaba podía sentir esa presión en el asfalto, los carros pasaban, yo rebasaba en ocasiones, estaba muy oscuro y las líneas fosforescentes de la carretera me tranquilizaban un poco, nadie hablaba en el auto, se oían las respiraciones de mis padres y hermanas, yo temblando por el frío del aire acondicionado pero manejando con cautela.
Por fin entramos a la ciudad, es estresante manejar en el freeway, iba a 120 km/h y no se sentía nada, los otros viajeros iban aún más rápido, acelerando su paso al destino indicado. Mil cosas podían pasar por mi cabeza pero aun no dejaba el estrés por otro lado, hasta que hubo un momento en el que pude acostumbrarme a las vías. Formaban una figura perfecta, una impecabilidad que no cabía en mis ojos. Si tan sólo este tipo de perfección tuvieran las carreteras de México se ahorrarían muchos accidentes.
Alejandra Apodaca
Julio 17, 2009 (Los Ángeles, California)
No hay comentarios:
Publicar un comentario